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Hemos
recogido información en el libro El Pirineo Aragonés, de Santiago Broto
Aparicio, publicado por Editorial Everest, S. A. en 1980. |
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El
Monasterio de San Victorián, San Beturian para los sobrarbenses,
está enclavado en los pies de la Peña Montañesa, para acceder al mismo hay
varias formas de hacerlo, a saber: A/
desde Aínsa, L´Ainsa, por la carretera que une los valles del Cinca
y del Esera, hacia Campo y en Arro -tras haber pasado por Usana, Banastón,
Lascambras, As Cambras, Betato y San Ciprián, San Ziprian,
más al fondo se queda El Pueyo de Aragüás y a la derecha uno a cada lado
del río de la Nata, Gerbe, Cherbe, y Griébal, todos ellos asomados
al inmenso lago que forma el embalse de Mediano -sale una pista hasta Los
Molinos, Os Molins, y Torrelisa, Torrolisa, con su Iglesia
Románica del s. XII, de una nave, con su clásico ábside decorado
exteriormente con friso de arquitos lombardos, y a San Victorián, San
Beturian. B/ también desde Aínsa,
L´Ainsa, junto al campo de fútbol sale una carretera que nos
llevará hasta El Pueyo de Aragüás, O Pueyo d´Aragüas, Torrelisa,
Torrolisa, Los Molinos, Os Molins, El Plano, O Plano,
Oncins, Onzins y San Victorián, San Beturian.
C/ Igualmente desde L´Ainsa al otro
lado del río sale el PR HU-43 que nos conduce a San Beturian,
pasando por la pista de BTT. Hay otra opción que es ir en coche desde
Aínsa hasta Los Molinos y dejar el coche en este lugar para junto a la
Iglesia de San Pablo tomar el PR HU-43 que pasando por La Muera, A
Muera, y subiendo de forma suave al principio y más pronunciada
después, incluso bastante dura en el tramo final, nos deja en el
Monasterio. Hay en cuanto a la fecha de su fundación varias opiniones,
tomando mayor fuerza la de que en un principio fuese un eremitorio, allá
por el s. VI y que sobre el año 842 pasara a denominarse de San Martín de
Usán, por San Martín de Toba o Tou, que fue su primer Abad; un discípulo
de éste, San Victorián le sucedió en la silla abacial y fue quien le dio
un gran esplendor al centro propiciando de esta forma que en lo sucesivo
tomara su nombre considerándolo en todo obra suya. Otros santos hubo en
este Monasterio como San Gaudioso, obispo de Tarazona; San Lorenzo, monje
y San Albino. Grande fue su esplendor durante la monarquía visigoda y se
convirtió en el centro religioso y espiritual de la zona al sur de la Peña
Montañesa. Dado que en estos lugares se hicieron fuertes algunos
luchadores contra la invasión, al caer en poder de los árabes fuese
arrasado sin clemencia. se afirma que fue restaurado por Sancho el Mayor y
que Ramiro I terminó su obra, dotándolo con generosidad y le concedió el
título de Capilla Real, así como que obtuvo que fuera eximido por los
Pontífices de la jurisdicción episcopal, tanto a los monjes como a los
pueblos por ellos asistidos. Esto consta en la bula de Alejandro I,
ratificada luego por Urbano II, Pascual II, Inocencio III e Inocencio IV,
debiéndose a éste último el privilegio de mitra que tuvieron los Abades y
que fue desde entonces armas de escudo y emblema del sello abacial. Llegó
a tener el Monasterio jurisdicción omnímoda sobre 54 parroquias y en
algunos pueblos la de ámbito civil, temporal y criminal. El esquema de
reforma clunaciense llevada a cabo en Aragón por San Juan de la Peña fue
aplicada también por el rey Sancho Ramírez; después hay pocas noticias
históricas.
Más adelante Felipe II amparado en su lucha contra la herejía, logró del
Papa Paulo V que el Monasterio y su abadiado quedaran incorporados al
Obispado de Barbastro, ello originó una serie de luchas, convenios y
repartos de jurisdicciones entre Abadiado y Obispos que hicieron que sus
relaciones fueran siempre harto difíciles. El Monasterio fue receptor de
innumerables romerías y procesiones comarcales con motivo de festividades
y rogativas. Felipe III apoyó el cenobio y Felipe V mandó edificar el
templo barroco, de gran amplitud, en sustitución del antiguo, destruido
por un incendio y del que solo queda actualmente un lienzo de muro, ruinas
y desolación de lo que fuera panteón de los líderes sobrarbenses, Iñigo
Arista y Gonzalo, según la tradición. En la actualidad sus altares y
retablos, están esparcidos por distintos sitios, por ejemplo, el retablo
mayor está en la Catedral de Barbastro; hay otro retablo en la Iglesia de
San Miguel de El Pueyo de Aragüás, y el coro se encuentra en la Colegiata
de San Pedro de Boltaña. Con Fernando VII, en 1821, el Monasterio vio
incautados sus bienes y aunque siguió allí su comunidad, como el lugar no
ofrecía la quietud y seguridad necesarias, los Abades fijaron su
residencia en el pueblecito de Urmella, que cuenta con una magnífica
Iglesia románica dedicada a Santa María, en plena selva, a pies del Pico
Gallinero, en el alto valle del Esera, lejos de todo tránsito y
comunicación, adonde podían llegar las disposiciones legales pero estaban
a salvo de las algaradas revolucionarias. Después de numerosos incidentes
con las sedes episcopales de Barbastro y Huesca el Abadiado fue
definitivamente suprimido el 7 de mayo de 1874 - padeciendo con
anterioridad en 1835, lo que en realidad fuese su puntilla, la
desamortización de Mendizábal - y agregado al Obispado de Barbastro. Ahora
en 2005, las obras de restauración están en suspenso y algunas reformas
han vuelto a sufrir desperfectos y en verdad urge continuar con su
restauración para recuperar un verdadero tesoro en este bello rincón del
Pirineo Aragonés. |
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Señales |
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San Beturian |
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Otra vista |
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Edificio anexo |
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Al regreso |
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Sierra Ferrera |
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Parte trasera en
ruinas |
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