LAS FOTOS
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Señales San Beturian
Otra vista Edificio anexo
Al regreso Sierra Ferrera
Ermita Virgen del Pilar Parte trasera en ruinas

  Más adelante Felipe II amparado en su lucha contra la herejía, logró del Papa Paulo V que el Monasterio y su abadiado quedaran incorporados al Obispado de Barbastro, ello originó una serie de luchas, convenios y repartos de jurisdicciones entre Abadiado y Obispos que hicieron que sus relaciones fueran siempre harto difíciles. El Monasterio fue receptor de innumerables romerías y procesiones comarcales con motivo de festividades y rogativas. Felipe III apoyó el cenobio y Felipe V mandó edificar el templo barroco, de gran amplitud, en sustitución del antiguo, destruido por un incendio y del que solo queda actualmente un lienzo de muro, ruinas y desolación de lo que fuera panteón de los líderes sobrarbenses, Iñigo Arista y Gonzalo, según la tradición. En la actualidad sus altares y retablos, están esparcidos por distintos sitios, por ejemplo, el retablo mayor está en la Catedral de Barbastro; hay otro retablo en la Iglesia de San Miguel de El Pueyo de Aragüás, y el coro se encuentra en la Colegiata de San Pedro de Boltaña. Con Fernando VII, en 1821, el Monasterio vio incautados sus bienes y aunque siguió allí su comunidad, como el lugar no ofrecía la quietud y seguridad necesarias, los Abades fijaron su residencia en el pueblecito de Urmella, que cuenta con una magnífica Iglesia románica dedicada a Santa María, en plena selva, a pies del Pico Gallinero, en el alto valle del Esera, lejos de todo tránsito y comunicación, adonde podían llegar las disposiciones legales pero estaban a salvo de las algaradas revolucionarias. Después de numerosos incidentes con las sedes episcopales de Barbastro y Huesca el Abadiado fue definitivamente suprimido el 7 de mayo de 1874 - padeciendo con anterioridad en 1835, lo que en realidad fuese su puntilla, la desamortización de Mendizábal - y agregado al Obispado de Barbastro. Ahora en 2005, las obras de restauración están en suspenso y algunas reformas han vuelto a sufrir desperfectos y en verdad urge continuar con su restauración para recuperar un verdadero tesoro en este bello rincón del Pirineo Aragonés.

 

 

 Hemos recogido información en el libro El Pirineo Aragonés, de Santiago Broto Aparicio, publicado por Editorial Everest, S. A. en 1980.

El Monasterio de San Victorián, San Beturian para los sobrarbenses, está enclavado en los pies de la Peña Montañesa, para acceder al mismo hay varias formas de hacerlo, a saber: A/ desde Aínsa, L´Ainsa, por la carretera que une los valles del Cinca y del Esera, hacia Campo y en Arro - tras haber pasado por Usana, Banastón, Lascambras, As Cambras, Betato y San Ciprián, San Ziprian, más al fondo se queda El Pueyo de Aragüás y a la derecha uno a cada lado del río de la Nata, Gerbe, Cherbe, y Griébal,  todos ellos asomados al inmenso lago que forma el embalse de Mediano - sale una pista hasta Los Molinos, Os Molins, y Torrelisa, Torrolisa, con su Iglesia Románica del s. XII, de una nave, con su clásico ábside decorado exteriormente con friso de arquitos lombardos, y a San Victorián, San Beturian. B/ también desde Aínsa, L´Ainsa, junto al campo de fútbol sale una carretera que nos llevará  hasta El Pueyo de Aragüás, O Pueyo d´Aragüas, Torrelisa, Torrolisa, Los Molinos, Os Molins, El Plano, O Plano, Oncins, Onzins y San Victorián, San Beturian. C/ Igualmente desde L´Ainsa al otro lado del río sale el PR HU-43 que nos conduce a San Beturian, pasando por la pista de BTT. Hay otra opción que es ir en coche desde Aínsa hasta Los Molinos y dejar el coche en este lugar para junto a la Iglesia de San Pablo tomar el PR HU-43 que pasando por La Muera, A Muera, y subiendo de forma suave al principio y más pronunciada después, incluso bastante dura en el tramo final, nos deja en el Monasterio. Hay en cuanto a la fecha de su fundación varias opiniones, tomando mayor fuerza la de que en un principio fuese un eremitorio, allá por el s. VI y que sobre el año 842 pasara a denominarse de  San Martín de Usán, por San Martín de Toba o Tou, que fue su primer Abad; un discípulo de éste, San Victorián le sucedió en la silla abacial y fue quien le dio un gran esplendor al centro propiciando de esta forma que en lo sucesivo tomara su nombre considerándolo en todo obra suya. Otros santos hubo en este Monasterio como San Gaudioso, obispo de Tarazona; San Lorenzo, monje y San Albino. Grande fue su esplendor durante la monarquía visigoda y se convirtió en el centro religioso  y espiritual de la zona al sur de la Peña Montañesa. Dado que en estos lugares se hicieron fuertes algunos luchadores contra la invasión, al caer en poder de los árabes fuese arrasado sin clemencia. se afirma que fue restaurado por Sancho el Mayor y que Ramiro I terminó su obra, dotándolo con generosidad y le concedió el título de Capilla Real, así como que obtuvo que fuera eximido por los Pontífices de la jurisdicción episcopal, tanto a los monjes como a los pueblos por ellos asistidos. Esto consta en la bula de Alejandro I, ratificada luego por Urbano II, Pascual II, Inocencio III e Inocencio IV, debiéndose a éste último el privilegio  de mitra que tuvieron los Abades y que fue desde entonces armas de escudo y emblema del sello abacial. Llegó a tener el Monasterio jurisdicción omnímoda sobre 54 parroquias y en algunos pueblos la de ámbito civil, temporal y criminal. El esquema de reforma clunaciense llevada a cabo en Aragón por San Juan de la Peña fue aplicada también por el rey Sancho Ramírez; después hay pocas noticias históricas.