Un ejemplo, la misión divulgativa de las banderitas que ondean por el lugar, cuyo fin es transmitir las enseñanzas que llevan escritas y que el viento se encarga de desplazar. O el hecho de que los edificios deben ser rodeados en el sentido de las agujas del reloj, pues en esa dirección es de donde viene la energía. Costumbres como estas han viajado miles de kilómetros sin muchas alteraciones, mientras otras se han adaptado a los nuevos lugares. En Dag Shang Kagyu, la jornada comienza temprano. A las siete de la mañana, se realiza la meditación matinal, que se vuelve a repetir a las siete de la tarde, para poner fin a la actividad en el templo. El resto del tiempo se dedica al estudio, a los cursos y retiros, y al mantenimiento de las actividades y de las instalaciones. Por la noche, la casita de ofrendas de luz es la encargada de alumbrar el recinto. decenas de velas que expresan otros tantos deseos. Hace casi veinte años que los monjes viven en Panillo, una pequeña localidad oscense con apenas medio centenar de habitantes que, en 1985, se sorprendió con la llegada de estos nuevos vecinos. La iniciativa fue del Lama Kalu Rimpoche, un importante maestro de la escuela de Vachrayana y que dentro de ella, transmitió los conocimientos de los linajes de Dagpo y Shangpa - de ahí el nombre Dag Shang Kagyu - aunque hasta este enclave se acercan a impartir sus conocimientos maestros de todas las escuelas y lugares. Rimpoche quería, por un lado, dar a conocer el budismo en España y las zonas cercanas y, por otro, crear un lugar donde los practicantes más avanzados pudiesen estudiar y hacer retiros. Así, sus discípulos buscaron el lugar idóneo de la Península en el que instalar el centro y acabaron en Panillo, después de haber contactado con "una señora francesa que tenía una casita aquí - recuerda Tsering - ella nos prestó la parte de atrás para que viniésemos a meditar", el lugar tenía la ventaja de estar apartado del mundo, con la tranquilidad que eso conlleva, y, a la vez cerca de ciudades como Zaragoza o Barcelona, al tiempo la casita pasó a ser propiedad de la comunidad budista, que reconstruyó la casita ( hoy un albergue para 50 plazas) y adquirió otros terrenos cercanos, todo ello en estas montañas del curso medio del río Esera, provistas de la energía necesaria  para la práctica espiritual. A Dag Shang Kagyu no se viene a hacer turismo. Su misión es desarrollar el espíritu según la tradición budista. Adentrarse en el conocimiento del budismo tiene la complicación del idioma tibetano y la sencillez de un pensamiento que se puede resumir en una frase: Hacer el bien. Las figuras que presiden el altar, no son dioses, sino metáforas del propio credo budista: palabra, obra y pensamiento, sus tres pilares. Y a sus pies, las ofrendas a los sentidos, pues " la comprensión para desarrollar el interior se hace a través de ellos", Agua para beber y lavarse; flores para la vista; incienso para el olfato; luz para dibujar el conocimiento; agua perfumada para el tacto; comida para el gusto y música para el oído. No hace falta ser budista para acercarse a Panillo a hacer un retiro guiado por un un maestro. todas las enseñanzas de estos más de 2.100 años de tradición están recogidas en 84.000 volúmenes sagrados que, por esta condición, también se colocan en el altar del templo, el lugar donde se realizan los rituales y las ofrendas, siempre presentes, y al que se debe entrar descalzo. La comunidad religiosa de Panillo vive en la parte superior del templo, frente la cual se levanta el edificio más característico del lugar. se trata de la Estupa, una especie de relicario gigante que normalmente es cerrado pero que, en este caso, tiene una parte abierta para meditar. A su alrededor, en una pared están recogidos algunos de mantras, sílabas cuya pronunciación contiene energía. Por eso se repiten una y otra vez en un rito similar al Rosario católico, sobre todo por el cordón de cuentas que se utiliza. Además del desarrollo espiritual, en Dag Shang Kagyu también se puede estudiar el idioma tibetano, y la Shedra es el lugar adecuado para hacerlo. A pesar de la abundancia de adornos y colorido, la sencillez inunda tanto la forma de vida del centro como la mirada de los lamas, cuyo guía espiritual es el Lama Drubgyu. Vestidos con sus túnicas naranjas saludan a los visitantes en un tímido español y sonríen a su paso, transmitiendo una agradable sensación de calma que resulta extraña para una sociedad poco acostumbrada a trabajar el espíritu.

UNA ANTIGUA HISTORIA

Refugiado en las montañas del Himalaya, el budismo se originó en el siglo VI antes de Cristo, como un movimiento monástico más que como una religión o filosofía. El príncipe Siddharta Gautama, "Buda", fue su fundador. La leyenda cuenta que al nacer, en una fecha sin precisar pero próxima al año 623 antes de Cristo, fue visitado por el brahman Asita, un asceta de gran prestigio que predijo que Siddharta sería un gran soberano o un maestro religioso. Educado en la opulencia, a los 27 años y vestido con harapos, Siddharta abandonó a su familia y renunció a sus derechos. A partir de entonces, Gautama dedicó sus energías a alcanzar la santidad. Sus enseñanzas se expandieron rápidamente por Asia a través de sus discípulos. Pero la verdadera eclosión del Budismo vendría en la segunda mitad del siglo pasado, después de que China invadiera el Tíbet, donde los Dalai Lama llevaban años gobernando sin injerencias extranjeras. El XIV Dalai Lama,Tenzin Gyatso, huyó a la India, donde también vive Osel, el único lama español, y en 1989, recibió el Nobel de la Paz.

 

 

 Fuente: HERALDO de ARAGON (15-8-04) 

BUDA EN EL CORAZON DEL PIRINEO

En 1985, una comunidad budista llegó a Panillo (Huesca) para instalar su primer centro de enseñanza y estudio en España. Bienvenidos a Dag Shang Kagyu. Al final de una serpenteante y estrecha carretera y solo rodeado por cielo y montañas, el calendario se transforma y entramos en el año 2131, el del Mono de Madera. estamos en Dag Shang Kagyu, un pequeño Tibet en el Pirineo oscense. En un primer momento, el lugar puede recordar a un parque temático tipo Port Aventura, con los saludos de bienvenida en varios idiomas, los banderines decoran el espacio y el colorido inunda todo, incluidos los edificios de corte oriental. Pero la sensación de estar dentro de una especie de ficción con inspiración tibetana no tarda en cambiar. Todo adquiere un significado en este lugar dedicado al espíritu, desde el Buda de la entrada hasta la última ofrenda del templo.