También se consiguen sustanciosas capturas, pero la abundancia de aficionados y el descenso del caudal, hacen más problemática la pesca. La realidad es que hoy ya no es lo que era. Año tras año, se capturan cientos de miles en nuestras aguas. Es necesario proteger y promocionar el paraíso piscícola del que disfrutamos. La naturaleza tiene sus límites y no hay que sobrepasarlos. Es necesario, por parte de la administración una mejor inversión en repoblaciones y sobre todo en atajar actuaciones que además de furtivas son demoledoras para la fauna de nuestros cauces, principalmente en época de estío con los cauces bajos. Ella, la trucha, es un don que la naturaleza ha dado a nuestros ríos, sepamos admirar su colorido y su bravura, sepamos saborear de ella como exquisito manjar, pero también sepamos respetarla, porque es patrimonio que hemos de dejar a nuestros descendientes.

Reina de nuestros ríos

 

Estas montañas y valles de nuestra tierra destacan por sus rasgos, unas veces rudos, otras suaves, pero en todo momento palpitarán la naturaleza virgen de forma arrolladora. En este conjunto armonioso y esbelto que son los Pirineos del Alto-Aragón destacan por su encanto nuestros ríos. Ríos de aguas cristalinas, que descienden a veces saltando de roca en roca y vistiendo su cauce de la blancura de un traje de novia. Otras las aguas bajan más suavemente acariciando los guijarros del lecho del río. En determinados momentos al verse aprisionados rasgan los valles con violencia inusitada. Todas estas imágenes tienen nuestros ríos, pero en cada una de ellas siempre encontramos una moradora de los mismos, que desde tiempo inmemorial en ellos ha vivido: es la trucha. Escondida detrás de la roca que corta la corriente, buscando el refugio de la orilla, paseándose mansamente en el fondo de las badinas transparentes de color azul verdoso, allí está. Su vitalidad le lleva a afincarse en aguas bien oxigenadas, como las nuestras. En la época otoño-invierno hace la puesta de huevos, sobre lechos rocosos de poca corriente, principalmente en afluentes laterales de los grandes cauces. Llegando marzo, la proximidad de la veda, hace aproximarse a los pescadores al agua por ver si este año hay muchas o pocas, si las grandes avenidas con sus arrastres en el otoño las han castigado o no. En marzo y abril, la pesca más rápida y fructífera es la del mosquito del mediodía, aunque madrugando a lombriz y draga también se llena bastante las cesta; la cucharilla va haciendo capturas pero no es lo más idóneo. Llegados los deshielos de mayo, las truchas que están en el pantano de Mediano remontan los ríos Cinca y Ara. En Boltaña se realizan en esta época grandes capturas, siendo corriente y casi diaria la captura de ejemplares de hasta tres kilos, (los de cuatro o seis son más excepcionales). Cuando llega el mes de julio y empieza la afluencia de visitantes a la zona, ha llegado la época del mosquito de tarde.